Mensaje 2021-Abr-26

Ejemplo digno de imitar

Lo que la Biblia dice antes de este versículo es:

Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

(Nehemías 1:1b-3 RVR60).

Nehemías vivía cómodamente, pero no olvidaba que era israelita y que sus hermanos estaban angustiados. Estaba dispuesto a utilizar sus buenos oficios para ayudarles en todo lo que pudiera; y para saber cómo hacerlo mejor, hizo indagaciones al respecto. Nehemías lloró cuando escuchó que el muro de Jerusalén seguía en ruinas. ¿Por qué? Los muros significan muy poco en la mayoría de las ciudades de la actualidad, pero en la antigüedad eran esenciales. Ofrecían seguridad ante los ataques y simbolizaban poder y paz.

Hoy todo el mundo habla de sus problemas y llora por ellos, se lamenta por las dificultades en su casa, en su familia, en sus trabajos. Nehemías fue un hombre que vivió en un tiempo lleno de problemas en su nación y de él aprendemos algunas acciones que debemos tomar en similares circunstancias:

  1. Nehemías se preocupó por sus hermanos. Vemos aquí que este hombre estaba muy preocupado e inquieto por el informe que había recibido. Podría haber reaccionado de diversas maneras, pero lo importante aquí es que él estaba muy interesado en el bienestar de su pueblo y en el futuro que se vislumbraba (Filipenses 2:2-4).
  2. Nehemías ayunó y oró al Dios de los cielos. Necesitamos volver a la oración antes de poner manos a la obra. Y lo necesitamos porque ese es el plan de Dios para cualquier tipo de actividad que vayamos a emprender. Es por eso por lo que el apóstol Pablo dice que «oremos sin cesar» (1 Tesalonicenses. 5:17 RVC).

La Biblia nos enseña que en todo tiempo expresemos amor unos a otros, trabajando juntos con un mismo pensamiento y propósito y que no nos ocupemos solo de nuestros propios intereses, sino también procurar interesarnos en los demás.

En este mundo de gran necesidad espiritual y material, los hijos de Dios somos llamados a conmovernos por las personas necesitadas y ser de ayuda para ellas.