Mensaje 2021-Abr-24

¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, digan: «Siervos inútiles somos porque solo hicimos lo que debíamos hacer».

(Lucas 17:7-10 RVA).

Nuestra expresión natural1

Una vez hayamos entendido que tenemos la naturaleza de un siervo, lo que sigue es determinar con claridad cuál es la conducta específica que debe fluir en nuestras vidas como expresión de esa naturaleza. Y es que nuestras acciones siempre serán el reflejo de nuestras creencias.

Cuando hablamos de la conducta de un siervo la palabra clave es “expresión”. Es decir, no se trata de tomar una larga lista de funciones que debemos cumplir para “ser siervos”, sino de expresar aquello que Dios ya ha puesto en nuestro interior. La naturaleza de un siervo es algo que recibimos en el momento mismo de creer en Cristo para salvación. Cuando fuimos libertados del pecado, inmediatamente pasamos a ser siervos de Dios (Romanos 6:18,22). En Lucas 17:7-10, el Señor Jesucristo nos guía para que reflexionemos acerca de la actitud correcta que un genuino siervo de Dios debe tener delante de Él:

  1. La abnegación del siervo (vs. 7-8): la abnegación es un sacrificio voluntario que alguien hace renunciando a sus deseos, pasiones e intereses personales. Un siervo es abnegado porque está siempre dispuesto a aceptar la cantidad de trabajo que se le asigne, y a realizarlo sin expresar queja alguna. Los pensamientos de un siervo no están centrados en sus tareas, sino en su Señor.
  2. Una relación correcta con su Señor (v. 8): un siervo de Dios conoce a su Señor y tiene una relación sana con Él, lo cual implica que es consciente de los derechos absolutos de Dios sobre su vida y ha hecho una entrega voluntaria en obediencia a Él.
  3. La importancia de la humildad: el propósito principal con el cual Jesús les dio esta lección a Sus discípulos, fue enseñarles a ser humildes y a no pensar que hacían para Dios mucho más de lo que en realidad hacían. Todo lo que hacemos por el Señor es sencillamente el cumplimiento de nuestros deberes, los cuales por cierto, nunca cumplimos en su totalidad.

El siervo de Dios no se dedica a hacer su propia voluntad, sino a seguir las instrucciones de su Señor; no espera en ninguna manera que se le agradezca algo de lo que hace. La entrega del siervo de Cristo es un acto voluntario que surge de un corazón agradecido por lo que Él ha hecho.

¡Cuando una persona no ha hecho una entrega voluntaria al señorío de Cristo, no puede tener una relación sana con Él!

 

1 Tomado del libro “Siervos por naturaleza” de Fredy Sierra Castro (2010), Ediciones Edifícate.