Mensaje 2021-Abr-22

Creyentes al servicio de Dios1

Ninguna cualidad del siervo de Dios es suficiente para cumplir con la tarea que le ha sido encomendada, si no cuenta con el toque de lo sobrenatural en su vida.

Continuamos describiendo los aspectos de la naturaleza del perfecto siervo de Dios que deseamos que se manifiesten en nuestras vidas como creyentes al servicio del Dios Altísimo:

  1. Su unción: “he puesto sobre Él mi Espíritu”. El ministerio de Jesús comenzó cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él; aspecto este que marcó la diferencia en Su vida y enseñanza. Él mismo lo expresó con claridad cuando declaró: “el Espíritu del Señor está sobre mí” (Lucas 14:17-18). Actuó siempre bajo la unción plena del Espíritu Santo y por eso desarrolló el tipo de ministerio que le agrada a Dios.

De la misma manera, un genuino siervo de Dios puede desarrollar con éxito su trabajo para el Señor, porque es alguien que actúa bajo la unción plena del Espíritu Santo. Esta es la señal más evidente de que en realidad ha sido establecido por Dios y que cuenta con Su respaldo (1 Pedro 4:10-11).

  1. Su humildad y mansedumbre: “No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”. En primer lugar, Jesús no gritaría, ni se enfrentaría con nadie en ningún tipo de discusión acalorada. Basta con dar una mirada a los evangelios para notar que su predicación y enseñanza se caracterizaron por la mansedumbre, la serenidad, el dominio propio, el amor y la dulzura, sin que esto signifique que en alguna manera haya perdido Su autoridad o su firmeza.

El otro aspecto de esta verdad es que el perfecto siervo de Dios no haría nada con el fin de atraer la atención de la gente sobre sí mismo. Jesús nunca gritó ni contendió; todo lo contrario, sufrió en silencio y con toda paciencia la oposición que se levantó contra su ministerio, hasta completar la obra para la cual había sido enviado (Isaías 53:7).

De la misma manera, el genuino siervo de Dios es alguien que ha sido dotado por Dios de manera sobrenatural para (1) anunciar el mensaje de salvación y enseñar la verdad de Dios, sin caer en contiendas y discusiones, y (2) renunciar a su propia reputación y prestigio.

Un siervo de Dios es alguien que ha entendido claramente que el camino a la grandeza es la humillación y dirige sus decisiones basado en una realidad inalterable: “es necesario que Él crezca pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

 

1 Tomado del libro “Siervos por naturaleza” de Fredy Sierra Castro (2010), Ediciones Edifícate.